La única forma de elevarnos

Reflexiones Familiares.

Sara Jana Radcliffe

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Todos vivimos experiencias personales de Tishá BeAv. Y la fe es la única respuesta válida.

La tristeza, el dolor y la decepción forman parte de la vida familiar. Seguro, nos casamos con grandes esperanzas de “ser felices por siempre”, pero pronto entendemos que este sueño es un asunto (no judío) de los cuentos de hadas. La vida real es sumamente compleja y está repleta de desafíos, y la Torá nos ayuda a superar las dificultades con fe y valentía. Sabemos que todo ocurre por una razón y que pase lo que pase, todo es para bien. Esta conciencia nos mantiene firmes incluso a través del dolor más devastador. Y es ella la que renueva nuestras fuerzas y nos permite seguir adelante.

Al igual que en el matrimonio, la educación de los hijos es un cúmulo de esperanzas en sus primeros momentos. Sostenemos en los brazos a este bebé que amamos con todo el corazón y esperamos tener najat, amor y alegría. Pero, por supuesto, muy pronto nos damos cuenta de que “la vida real es sumamente compleja y está repleta de desafíos” y que este hijo sufre de enfermedades físicas, y el otro, de enfermedades mentales; el otro tiene una personalidad muy difícil y problemas de conducta, y el otro tiene dificultades de aprendizaje o problemas sociales y siempre está aquel que nos saca de las casillas. Es sabido que los largos años de crianza no consisten solamente de risas y abrazos. Hay preocupaciones, lágrimas, discusiones y momentos verdaderamente difíciles. Nuevamente, acudimos a la fe de nuestros antepasados para obtener ánimo y guía: un farol en medio de la oscuridad.

Traumas de la vida familiar

Los sucesos de la vida familiar a veces proyectan una sombra tan larga que no llegamos a ver la luz al fin del túnel. Estamos convencidos de que está todo perdido. Toda clase de tragedias les ocurren a las personas más amables. A veces son actos de Dios, como, por ejemplo, accidentes, enfermedades repentinas y muertes. Nos estremecemos. Estamos en shock. El dolor nos hace pedazos.

Otras veces, los problemas son causados por nuestros mismos familiares: los padres, la pareja y los hijos, que cometen crímenes por los cuales van presos, o cometen abuso o se involucran en todo tipo de  conductas devastadoras y destructivas. En esos casos, sentimos una humillación que nos sofoca y nos aísla, y también sentimos rabia, dolor y una profunda tristeza.

A veces en la vida familiar se producen actos de traición: el padre les roba a sus propios hijos; el marido le es infiel a su esposa, o viceversa; el hijo compite en los negocios con su propia madre o su propia hermana; hermanos de una misma familia entran en guerra por cuestiones de testamentos y propiedades. Una vez más, el dolor va acompañado de múltiples capas de sentimientos heridos: resentimiento, miedo, confusión, dolor… La familia y sus dramas son los que producen los sentimientos negativos más fuertes que existen en el ser humano: vergüenza, trauma, abandono, ira, terror y demás. Hay muchísimas formas de sufrimiento intenso dentro del hogar. Ninguna es previsible. Todas son desgarradoras. Todas tienen un propósito y nosotros sabemos lo que tenemos que hacer.

Lecciones de Tishá BeAv

¿De qué manera la Torá nos ayuda a superar con éxito los desafíos que ocurren dentro de la vida familiar? Las lecciones de Tishá BeAv pueden ayudarnos a entender. Nuestro corazón colectivo se quebrantó cuando el Beit Hamikdash fue destruido dos veces, cuando fuimos aplastados en la batalla de Betar, cuando sufrimos la expulsión y el asesinato en masa.

¿Qué hicimos entonces? Hicimos lo que hacemos siempre y lo que continuaremos haciendo siempre que nos enfrentamos a los sucesos más dolorosos: examinamos nuestra conducta y la corregimos. Clamamos ante Hashem. Fortalecemos nuestra fe.

No importa lo que ocurra dentro del marco familiar, siempre sabemos que es para ayudarnos a crecer. El crecimiento reduce el sufrimiento en este mundo y nos prepara un sitio mejor en el Mundo Venidero. El resentimiento, la culpa y las quejas amargas no nos sirven de nada, como tampoco les sirvieron de nada a nuestros antepasados. De hecho, lo único que hacen es traer más sufrimiento, como hemos visto una y otra vez.

“¿Por qué me pasó esto?” es una pregunta que solamente puede querer decir: “¿Qué se supone que debo lograr a través de este desafío? ¿Qué puedo aprender? ¿Cómo puedo mejorar?”. Cuando el dolor del sufrimiento nos pone de rodillas, ahí es cuando reconocemos que Hashem es el Único que puede ponernos otra vez de pie. Y por eso Le rogamos que nos ayude, porque sabemos que nosotros solos no podemos. Hacemos todo lo que sea necesario (estudiamos, escuchamos shiurim, les pedimos consejos a los rabinos) para fortalecer el alma, reforzar la fe y renovar la confianza, y así poder “sentir la dulzura de la cercanía a Hashem” y saber que Él está aquí junto a nosotros y junto a nuestros seres queridos a cada paso del camino.

Nuestras experiencias personales de Tishá BeAv, al igual que nuestra experiencia nacional de Tishá BeAv, nos llevan al punto más bajo posible a fin de impulsarnos a las más grandes alturas.