Ortorexia

 

El miedo a la comida.

Por el Rab Yaakov Barr 

 

 

Baja las grasas, deja de beber refrescos, no consumas colorantes artificiales… ¿Qué pasa cuando nos pasamos de la raya con los consejos de salud?

Cuando Jana entró a mi consultorio con su madre, supe que ella tenía un problema muy grave. Era un día frío y ventoso de invierno, y al ver el cuerpo extremadamente delgado y frágil de Jana, me pregunté cómo había logrado caminar bajo esas condiciones climáticas.

La madre de Jana me mostró una foto de su hija del año anterior. Me quedé pasmado (y eso no suele suceder a menudo en mi profesión). Estaba irreconocible. En la foto se la veía sana, fuerte y feliz, pero ahora tenía el rostro delgado, pálido y sumamente demacrado. A pesar de tener apenas diecisiete años, fácilmente podría haber pasado por una mujer de treinta. Pensé que era una víctima más de la anorexia, una enfermedad que se caracteriza por un peso extremadamente bajo y una percepción distorsionada del cuerpo.

Con la ayuda de su madre, Jana empezó a contarme su historia. Me contó que doce meses antes había ido a ver a un médico naturópata porque estaba sufriendo de indigestión. Él le indicó que evitara los lácteos, el azúcar, la soja, las nueces y el trigo. Desesperada por aliviar la indigestión y la hinchazón, Jana gradualmente fue eliminando más y más alimentos de su dieta. El tratamiento funcionó. Se sentía menos hinchada y más sana. Al poco tiempo, también dejó de comer el pan de espelta y, tras leer un artículo acerca del daño que produce la fructosa (el azúcar de las frutas), Jana decidió que lo próximo que dejaría serían las frutas. Estaba decidida a evitar que cualquier “veneno” pasara por sus labios.

En ese momento, Jana pasaba horas comprando y leyendo una cantidad excesiva de libros sobre alimentación, nutrición y salud. Antes de permitir que cualquier alimento procesado entrara a su boca, examinaba minuciosamente sus ingredientes. Todo alimento de origen desconocido que no hubiese sido preparado en casa, era percibido como peligroso.

Jana sentía que cumplía una misión personal y no entendía por qué sus amigas no la imitaban. Por un lado, había logrado aliviar su indigestión. Pero, por otro lado, ahora debía enfrentar otros síntomas mucho más siniestros. Jana había bajado rápidamente de peso y debido a la dieta tan desequilibrada que mantenía, estaba constantemente exhausta. Le resultaba prácticamente imposible concentrarse en el trabajo y, además, la continua preocupación por la comida la llevaba a pasar cada vez menos tiempo con su familia y sus amigas. Era obvio que Jana estaba perdiendo el control de su propia vida.

Un nuevo trastorno alimentario

La historia de Jana me desconcertó. ¿Cómo era posible que su búsqueda por vivir una vida sana hubiera puesto en peligro su vida? Como psicoterapeuta, tengo el mérito de ayudar a la gente a superar toda clase de trastornos emocionales, desde problemas comunes, como depresión, ansiedad y adicciones, hasta problemas menos conocidos. Parte de mi trabajo consiste en evaluar e identificar el problema exacto. Jana sin ninguna duda no sufría de anorexia. Ella no pensaba que estaba gorda ni tampoco comía menos para llegar a estar delgada. Lo único que deseaba era estar sana.

Al parecer, el problema era su obsesión con la salud, no con su aspecto físico. Pero si ella no sufría de anorexia, entonces ¿de qué sufría? Existe una gran cantidad de diccionarios médicos y enciclopedias de salud mental que detallan muchas clases de trastornos psicológicos. Pero cada tanto me encuentro con un paciente cuyo problema no aparece en los libros. Jana era una de esas personas.

Decidí consultar con varios colegas y médicos. Les pregunté si habían oído alguna vez de un caso similar. Varios de ellos me respondieron afirmativamente, lo cual me sorprendió. Descubrí que Jana no estaba sola. Me sugirieron que leyera la obra del Dr. Steven Bratman. En 1996, el Dr. Bratman acuñó el término “ortorexia”, para describir la obsesión con la salud. Él afirma que los ortoréxicos “son personas que quieren sentirse puras, sanas y naturales. Se obsesionan tanto con los alimentos ‘buenos’ y los alimentos ‘malos’ que a veces sus dietas extremas les causan graves trastornos de salud”.

Las investigaciones demuestran que la ortorexia comienza a veces  con el deseo de mantener una dieta sana, pero rápidamente se sale de control. En la mayoría de los casos, lo primero que se elimina de la dieta son los bocadillos manufacturados. Por lo general, les siguen la carne, los lácteos, los alimentos no orgánicos, etc. Hay personas que llegan a un punto en el que solamente aceptan los alimentos crudos, pero incluso entonces la obsesión puede continuar. A medida que se van eliminando más y más alimentos que se perciben como nocivos, se pierde el equilibrio y surge un trastorno alimentario.

Comprendí que Jana sufría de ortorexia. Estaba obsesionada con el tema de la salud y la calidad de la comida. El Dr. Bratman y otros especialistas están haciendo una fuerte campaña para que el mundo médico tome en serio este nuevo problema. Ellos están luchando para que la ortorexia sea reconocida como un trastorno alimentario y, al parecer, es tan sólo una cuestión de tiempo hasta que esto ocurra.

Cuanto más ahondé en el tema, más me di cuenta de que nuestra generación ha creado un nuevo trastorno alimentario. No tengo la menor duda de que se trata de un problema en rápido crecimiento. En los últimos años, las dietas extremas han alcanzado una popularidad internacional y la industria de los alimentos sanos mueve millones de dólares.

Dietas mundialmente aceptadas como la Dieta Atkins (que permite solamente una cantidad mínima de carbohidratos) han logrado que las prácticas alimentarias poco usuales o rigurosas tengan una aceptación social. Hace poco un amigo me contó que estaba haciendo la dieta de la sandía: lo único que comía de desayuno, de almuerzo y de cena era sandía. Los ayunos, los alimentos crudos, los jugos, los superalimentos, los programas de desintoxicación y las “purificaciones” se han vuelto la norma. Todas estas dietas no hacen más que aumentar la obsesión tan poco sana con el tema de la salud y están solamente a un paso de acarrear graves consecuencias, tanto físicas como emocionales.

Las crecientes tasas de obesidad han desencadenado una violenta reacción contraria: la obsesión con la comida sana. Los dietistas y los nutricionistas nos advierten continuamente que debemos comer alimentos sanos y nutritivos. Los medios de comunicación nos bombardean con mensajes acerca de lo que es sano y lo que no lo es, y no pocas veces introducen el factor del miedo. La gente ya no sabe qué creer y termina perdiendo el sentido de la perspectiva.

¿Cuál es la línea divisoria entre ser una persona sana y responsable, y el hecho de caer en una obsesión peligrosísima? El comer sano se vuelve dañino cuando la forma de pensar o de comportarse de la persona es tan rígida que pone en riesgo su salud física y mental y, en consecuencia, por lo general, también sufren daño sus relaciones personales. Eso fue exactamente lo que le sucedió a Jana, y debe haber otros miles de casos como el de ella. De acuerdo con el Centro Nacional de Trastornos Alimentarios del Reino Unido, por lo menos una de cada diez personas puede estar sufriendo de ortorexia.

En vías de recuperación

Una vez que comprendí cuál era el origen del problema de Jana, estuve en condiciones de ayudarla a superarlo. Tal como sucede con la gran mayoría de los problemas emocionales, lo primero que Jana tenía que hacer era admitir que debía cambiar algo. En el caso de la ortorexia, esto es un gran desafío. Dado que la sociedad promueve la comida sana y la delgadez, muchas veces el paciente no se da cuenta de lo peligroso que puede llegar a ser su comportamiento. La persona insiste en que está comiendo bien (a diferencia de los demás). Jana sabía que algo andaba mal, pero le costaba admitir que se debía a sus hábitos alimentarios “tan sanos”.

La terapia cognitiva-conductual (TCC) es la más recomendada y la más eficaz en estos casos. Lo que hice fue adaptar esta terapia al problema que tenía Jana. En las primeras sesiones, Jana se concentró en aprender a ser más flexible y menos rígida acerca de la comida. Entonces empezó a ver el impacto que sus hábitos alimentarios estaban teniendo en todos los aspectos de su vida.

Tal como suele ocurrir con cualquier trastorno alimentario, en esta enfermedad también existe una causa subyacente. En términos básicos, la ortorexia se desarrolla cuando la persona no logra sentirse bien consigo misma a menos que siga normas sumamente estrictas respecto a la calidad de la comida que consume. Le enseñé a Jana a ser menos rigurosa y menos crítica consigo misma, y entonces empezó a aceptarse tal como era, en vez de basar su autoimagen en la calidad de los alimentos que ingería. Poco a poco, la fui ayudando a reintroducir alimentos que había eliminado innecesariamente de su dieta. Antes del proceso que había pasado, a Jana le encantaban las uvas, pero luego decidió que le hacían daño. En una sesión muy significativa, Jana logró, no sin dificultad, comer cinco uvas por primera vez en un año. Eso fue para ella muy importante. Al ver lo difícil que le había resultado, volví a corroborar lo precaria que había sido su situación cuando vino a verme por primera vez.

Cuando Rafi vino a su primera consulta, el término “ortorexia” ya había pasado a formar parte de mi diccionario de salud mental. Rafi creció en un hogar en el que los padres eran muy meticulosos respecto a la salud. Su madre le enseñó la importancia de comer los alimentos “correctos”. Pero al crecer su conciencia llegó al grado en el que si alguien le decía que algún alimento específico no era sano, ese alimento se convertía en otro alimento temido. Rafi me explicó que si comía ese alimento, “se llenaba de culpa y de repugnancia”.

Al principio, Rafi eliminó de su dieta algunos alimentos específicos, pero con el tiempo, su dieta se fue volviendo cada vez más restringida. Al final, sólo comía una pequeña cantidad de alimentos “naturales” u “orgánicos”. Después de leer acerca de las peligrosas sustancias químicas de algunos productos de limpieza e higiene, Rafi empezó a evitar ciertos jabones, shampoos, perfumes y desodorantes. También dejó de ir a su médico de cabecera, prefiriendo las prácticas “alternativas” y “complementarias”. Cuando se negó a hacerse una radiografía al sufrir una fractura en un brazo y a recibir vacunas, su esposa lo convenció de que esa obsesión estaba poniendo en peligro su vida y que debía buscar ayuda.

Ahora, dos años más tarde, mis sesiones tanto con Jana como con Rafi son probablemente para ellos un recuerdo lejano. Hace poco, la madre de Jana me envió una foto de la boda de su hija, en la que se la ve muy sonriente y, por sobre todo, muy sana, posando junto a su jatán. Rafi también ha realizado los ajustes necesarios y sigue comiendo sano pero de una manera emocionalmente sana. Tanto Jana como Rafi entienden que si bien la comida es un tema  importante, es en realidad solamente un aspecto más de la vida, y que así debe ser siempre. Si bien no tiene nada de malo comer sano, ellos, al igual que todos nosotros, tienen que asegurarse que la búsqueda de la salud no los lleve por el sendero equivocado.

Rabí Yaakov Barr es un reconocido psicoterapeuta con un posgrado en Terapia Cognitivo-Conductual. Rabí Barr vive en Londres, donde ejerce una práctica privada tratando a adultos y adolescentes; además es asesor en varias escuelas. Se especializa en el tratamiento de trastornos de ansiedad como, por ejemplo, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), los ataques de pánico, y diversos trastornos alimentarios.

 

Señales de alarma de la ortorexia

  • Piensas excesivamente sobre la comida sana (más de unas cuantas horas al día)
  • Disfrutas más de lo sano de la comida que de la comida misma.
  • El hecho de comer sano ejerce un impacto negativo en tu capacidad de disfrutar de la vida cotidiana.
  • Eres inflexible y autocrítico respecto a tus hábitos alimentarios, y te sientes culpable o sientes repugnancia cuando comes los alimentos “incorrectos”.
  • Tu autoestima depende de comer comidas “sanas” y te sientes superior a aquellos que no siguen una dieta sana.
  • Excluyes los alimentos que más te gustan para comer aquellos que piensas que deberías consumir.
  • Tu dieta es tan limitada que prefieres comer solamente en tu casa.
  • Pasas menos tiempo con tus amigos y con tu familia, y más tiempo ocupado con los hábitos alimentarios y pensando en la comida.
  • Al comer “como se debe” sientes que tienes autocontrol y te da satisfacción.

Consejos preventivos para los padres

  1. Sean modelos de buenos hábitos alimentarios de una manera equilibrada y flexible. Fomenten las comidas sanas pero también permitan bocadillos o golosinas en la medida adecuada.
  2. Ayuden a sus hijos a hacer frente a sus emociones dejando que compartan libremente sus sentimientos. Esto les permite aprender que no tienen que depender de la comida ni de las restricciones para calmarse.
  3. Enseñen a los niños a escuchar los mensajes de sus estómagos; a comer cuando tienen hambre (no cuando ya se mueren de hambre) y dejar de comer cuando están satisfechos (no cuando están “atiborrados”).
  4. Decir “no” a las burlas sobre el peso. Dejen bien claro que está prohibido decir cosas dolorosas referentes al tamaño del cuerpo de los demás.
  5. Si les preocupan los hábitos alimentarios de alguno de sus hijos, busquen ayuda profesional lo antes posible.

Encontrar el mejor tratamiento

Debido a que la ortorexia es un trastorno emocional relativamente nuevo, aún no se ha establecido oficialmente un protocolo efectivo de tratamiento. Sin embargo, existen varias modalidades de tratamiento que han demostrado ser eficaces para los trastornos alimentarios.

Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

La Terapia Cognitivo-Conductual se considera el tratamiento más eficaz y mejor documentado para muchos trastornos mentales, incluyendo los trastornos alimentarios. Su eficacia ha sido comprobada en el tratamiento de la bulimia nerviosa, la anorexia nerviosa y el trastorno por atracón.

Terapia familiar

En la terapia familiar, los miembros de la familia aprenden a entender a la persona que sufre y la ayudan a restaurar las pautas normales de alimentación, hasta que ella se sabe manejar sola. Esta clase de terapia es especialmente útil para los padres y demás familiares para guiarlos respecto a su rol como apoyo de un adolescente que sufre un trastorno alimentario.

Terapia de arte

A veces las personas que sufren de trastornos alimentarios tienen dificultad para identificar o describir sus pensamientos y sus sentimientos. La terapia de arte los ayuda a expresarse en forma no verbal, sin la presión aparente de la terapia individual. La terapia de arte también sirve como un medio para explorar la imagen corporal y los mensajes de los medios de comunicación, lo cual le da a la gente que sufre de trastornos alimentarios una nueva perspectiva acerca de su autoimagen distorsionada.

Medicación

Los medicamentos no sirven para curar un trastorno alimentario, pero sí pueden ser de ayuda para seguir el plan de tratamiento. Son más eficaces cuando se los usa en combinación con psicoterapia. Los antidepresivos son los medicamentos que se usan con más frecuencia para tratar los trastornos alimentarios.

Educar sobre nutrición

Los dietistas y nutricionistas matriculados y demás profesionales que participan del tratamiento pueden ayudar al paciente a entender mejor su trastorno alimentario y también pueden ayudarlo a establecer un plan para que logre mantener hábitos alimentarios sanos.