La Imagen en el Espejo

 

Reflexiones para las tres semanas.

Por la Rabanit Suri Gibber

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¿Por qué cuando miramos en el vidrio de una ventana, vemos lo que está del otro lado del vidrio, pero cuando miramos en un espejo, vemos nuestro propio reflejo?

La diferencia fundamental entre el vidrio y el espejo es que el vidrio es transparente, mientras que el espejo es un vidrio revestido de plata, aluminio u otro metal. Dicho de una forma más simple, la razón por la que vemos nuestro reflejo en el espejo es porque  mientras que la luz puede atravesar el vidrio transparente de la ventana, no puede atravesar el revestimiento metálico del espejo, ni tampoco puede ser absorbido por dicho revestimiento. Por lo tanto, la luz rebota en la superficie del metal y regresa a nuestro ojo, haciendo que nos veamos a nosotros mismos.

Como sabemos, todo lo que existe en el mundo físico tiene un paralelo en el mundo espiritual.

Se cuenta de un Rabino que fue a pedirle a un millonario que hiciera una contribución para ayudar a una familia pobre. El millonario se negó. Entonces el Rabino lo llevó hacia la ventana y le pidió que describiera lo que veía. El hombre le dijo que veía personas caminando por la calle y niños jugando en el jardín. Luego el Rabino lo llevó frente a un espejo y nuevamente le pidió que describiera lo que veía. El hombre le dijo que se veía a sí mismo.

Entonces, el Rabino le dijo: “Tanto la ventana como el espejo están hechos de vidrio. Cuando usted miró por el vidrio transparente de la ventana, pudo ver a otras personas. Pero cuando miró el vidrio cubierto de plata (en referencia a la codicia), sólo pudo verse a usted mismo”.

Una visión clara

Todos vemos el mundo a través de diferentes clases de vidrios. Cuanto más transparente es el vidrio, mejor es nuestra capacidad para ver más allá de nosotros mismos y prestarles atención a los demás. Cuanto más cubierto está el vidrio con nuestros deseos e intereses personales, más nos enfocamos en nosotros mismos y en nuestros propios intereses.

Dice el pasuk: “Anojí omed bein Hashem uveinejem —Yo [Moshé Rabenu] estoy de pie entre Hashem y ustedes” (Devarim 5:5). Los mefarshim explican este pasuk diciendo que el anojí —el hecho de estar obsesionado con uno mismo y con sus propios deseos— es lo que se interpone en el camino, actuando de barrera entre la persona y Hashem, y entre la persona y los demás, y evita que la persona pueda realmente conectarse con otros (Oído del Rab Pesaj Krohn, basado en Iturei Torá, que cita a Sifrei Jasidim).

¿Cuántas veces, al escuchar las aflicciones de otra persona, nos quedamos pensando en lo que nosotros mismos tuvimos que enfrentar, en vez de prestarle atención por completo a la persona que está hablando? ¿Cuántas veces al hablar con un amigo ya estamos planeando lo que le vamos a responder para sonar inteligentes, compasivos o ingeniosos? ¿Cuántas veces vemos que alguien tiene éxito y, en vez de alegrarnos por él, empezamos a soñar que también nosotros tendremos el mismo éxito?

Por naturaleza, los seres humanos son egocéntricos. Todos nacemos centrados en nosotros mismos y en nuestras propias necesidades. El recién nacido es el epítome del egocentrismo. Todo su mundo gira en torno a satisfacer sus necesidades. ¡No le preocupa en absoluto despertar a su madre incluso seis o siete veces cada noche!

El Rab Shimon Shkop explica que cuando el bebé comienza a crecer, se amplía su sentido del “aní” (yo). El bebé comienza a pensar en sus padres y en sus hermanos como una extensión de ese “aní”. Al convertirse en un niño y luego en un adolescente, su “aní” se amplía aún más y llega a incluir a sus parientes lejanos y a sus amigos. Cuando crecemos y maduramos en la vida adulta, nuestro objetivo es ampliar nuestro “aní” de modo que incluya a nuestra cuadra, nuestro beit hakneset, nuestra comunidad, nuestra ciudad, y finalmente, a todo Klal Israel.

Mientras más elevada es la persona, más amplia y abarcadora es su definición de “aní”. El “aní” de un gadol beIsrael abarca a todo Klal Israel.

Ampliemos los horizontes

¿Qué podemos hacer para ampliar nuestro “aní” de modo que incluya a más personas?

El Rab Dessler, en su famoso Kuntras HaJesed, relaciona la palabra ahavá con la palabra hav, dar, y explica que cuando una persona le da a otra, llega a amarla. Mientras más le da, más la ama. Así como la madre ama a sus hijos porque está constantemente dándoles, también puede llegar a amar a otras personas dándoles a ellas. ¿Por qué? Porque cuando uno le da a otra persona, le está dando algo de sí mismo. La otra persona se convierte en una extensión de su ser.

Durante mucho tiempo me pregunté si este enfoque de ampliar el “aní” no era también una expresión de egocentrismo. Me amo a mí mismo y por lo tanto te amo también a ti, porque eres parte de mí. ¿Por qué motivo esto se considera un nivel elevado al que debemos aspirar?

Este último tiempo comencé a entender este concepto con mayor profundidad. El Gaón de Vilna, en su sefer Even Shelemá, le advierte a la persona que al embarcarse en la misión de mejorar sus midot, debe trabajar en conformidad con su naturaleza, y no en contra de ella. Él cita la Guemará (Shabat 156a) que dice que quien nace bajo el mazal de maadim tiene tendencia a derramar sangre. ¿Qué debe hacer entonces esa persona? Puede convertirse en un asesino, o bien puede sublimar su naturaleza y convertirse en un shojet o en un mohel.

Dado que, por naturaleza, el ser humano se preocupa primero de sí mismo, entonces, basándonos en este principio, parecería que deberíamos trabajar en conformidad con nuestra naturaleza y sublimarla. En vez de negar el “aní”, podemos ampliar sus parámetros de modo que incluya a una parte cada vez más grande de Klal Israel, y de esa manera podemos convertirnos en la persona bondadosa y afectuosa que Hashem desea que seamos.

Durante el famoso juicio de Mendel Beilis, el fiscal intentó demostrar el desprecio que siente el pueblo judío por los no judíos citando la Guemará (Yevamot 61a): “Atem kruim Adam —Ustedes, Klal Israel, son llamados Adam, mientras que el resto de las naciones no son llamados Adam”—. El Rab Meir Shapiro explicó que la Guemará quiere decir que todo Klal Israel es como una sola persona, una parte de un todo. Así como todo el cuerpo siente dolor si se lastima un solo dedo, de la misma manera, todo Klal Israel siente el dolor del otro, tal como quedó en evidencia cuando los judíos de todo el mundo salieron a manifestarse en señal de apoyo a Mendel Beilis.

Nuestra misión en la vida es acomodar la visión que tenemos de las personas que nos rodean de modo que podamos percibirlas no como seres externos sino como una extensión de nosotros mismos.

 Todos somos uno

Se cuenta de un Rebe que se impuso a sí mismo un galut personal con el objetivo de refinar sus midot. Este Rebe iba de pueblo en pueblo, sufriendo privaciones y sufrimientos, ocultando su verdadero rango. Al cabo de un año, el Rebe sintió que estaba preparado para regresar a su hogar. Cuando estaba llegando a su pueblo, le dieron la triste noticia de que su hijo, Moishele, estaba enfermo. Preocupado, el Rebe fue corriendo a su casa, ansioso por saber cuál era el estado de su hijo.

Entonces, su esposa le dijo: “La persona que te dijo eso se equivocó. Baruj Hashem, nuestro Moishele está bien. El que está enfermo es el hijo de nuestros vecinos”.

El Rebe sintió un gran alivio, pero unos instantes más tarde le anunció a su familia que debía regresar al galut.

“Pero ¿por qué?”, le preguntaron, incrédulos. “¡Si apenas acabas de regresar!”.

Entonces, el Rebe les explicó: “Cuando oí que nuestro Moishele estaba enfermo, casi me vuelvo loco de la preocupación. Pero cuando me enteré de que se trataba de otro Moishele, el del vecino, me sentí aliviado. Pero comprendí que si no siento la misma angustia por otro niño que la que siento por mi propio hijo, entonces, debo regresar al galut y seguir trabajando para mejorar mi carácter”.

Nosotros no pretendemos compararnos con este Rebe ni mucho menos. Sin embargo, su ejemplo puede inspirarnos para que hagamos un genuino esfuerzo por llegar a ver a los demás como una extensión de nuestro “aní”. Como explica el Nefesh HaJaim, la única razón por la cual nuestros enemigos pudieron destruir el Beit HaMikdash fue debido a que su esencia espiritual ya había sido destruida a causa de nuestras averot. Al esforzarnos por ver a cada judío como una parte del “Adam” de Klal Israel, y al trabajar con nosotros mismos ampliando nuestro “aní”, podemos anular el pecado de sinat jinam a causa del cual seguimos en este largo y difícil galut, y así ser parte de la reconstrucción del tercer Beit HaMikdash, que será el definitivo.