No estar completamente presente

Parashat Balak.

Por Miriam Aflalo

 

 

“Y camina humildemente con tu Di-s” (Haftará Parashat Balak, Mijá 6:8).

Este versículo se refiere a la relación personal que tiene el hombre con su Creador. Es posible que un ben Torá viva una vida de Torá y, a pesar de eso,  se encuentre con Hashem con poca frecuencia. En Hiljot tefilá (Shuljan Aruj, Oraj Jaim 98:3), está escrito: “Se debe rezar en modo de súplica, como un hombre pobre que mendiga en la puerta. Se debe rezar sin prisa, no como si uno tratara de sacarse de encima una carga”.

La Mishná Brurá (Oraj Jaim 98:3) afirma: Incluso si la persona habla en modo de súplica, pero sólo reza para cumplir con su obligación y no para formular sus pedidos, entonces no habrá rezado correctamente (Rab Shimshon Pincus, Tiferet Shimshón, parashat Balak).

Como maestra, a menudo me quedo perpleja ante las personalidades de mis alumnas. Un año enseñé en octavo grado y una de las niñas, Tzipi, realmente me confundía. Era una jovencita pecosa, aparentemente dulce y dócil. Pero cuando abría la boca, todo era amargura. A pesar de mis mejores esfuerzos, no podía localizar la fuente de su dolor ni tampoco lograba ayudarla.

Solamente, al final del año, en la graduación, pude llegar a vislumbrar el origen de la angustia de Tzipi.

La graduación es una ocasión muy alegre para todos. Yo siempre trabajo varios meses con mis alumnas para preparar una producción de alto nivel, que luego presentamos ante las madres y las abuelas. La noche de la presentación, la emoción era palpable. Me senté en la primera fila, y me puse a observar a mis alumnas. En ese momento sentí un enorme orgullo de ellas, de que hubieran llegado a este momento clave. Cada uno de esos rostros resplandecientes era muy preciado para mí y traté de entablar contacto visual con cada una mientras el coro cantaba a pleno pulmón.

A algunas butacas de distancia estaba sentada una madre de Tzipi con la cabeza inclinada. No miraba la bella presentación sobre el escenario, sino que sus ojos estaban fijos en su teléfono. Estaba muy ocupada enviando y recibiendo mensajes.

Estaba presente físicamente, pero en verdad no estaba allí para su hija.

El judío tiene que rezar porque sabe que cada aspecto de su vida depende de Hashem. Sin siata Dishmaia no se las puede arreglar.

Esto puede compararse con el hecho de ir a hacer las compras. Alguien no va a comprar pan y leche porque es lo que está acostumbrado a hacer. Más bien, va a la tienda porque necesita pan y leche. Esa es la manera en que debemos rezar. ¡Dirigirnos a Hashem y pedir por todo lo que necesitamos! Una persona puede estudiar Torá y rezar con kavaná, y a pesar de ello no «caminar con Di-s» (Ibíd.)

Un día estaba con varias madres esperando que llegara el transporte escolar, y comenzamos a hablar sobre el tema de rezar Shajarit. ¿Acaso las madres de niños pequeños estamos obligadas a rezar por la mañana, mientras servimos cereales y recibimos encargos para el almuerzo?

— ¡Pero yo tengo que rezar! ¡No puedo enfrentar el día sin rezar! —dijo mi vecina Malki.

Todas la miramos. El ritmo de vida de Malki es intenso y cada mañana tiene miles de ocupaciones.

—Quiero decir… Mi hijo mayor tiene sus exámenes finales y a mi hijo de diez años lo molesta un compañero. El más pequeño tiene una infección de oídos y nuestro presupuesto es un desastre. ¿No se supone que tengo que rezar por todo esto? Quizás no estoy obligada a rezar, ¡pero tengo que hacerlo! —dijo Malki disculpándose

En mi opinión, aquí se encuentra la grandeza de las generaciones pasadas. Hashem vivía con cada judío. Como dicen nuestros Sabios: “Que sea la voluntad de Hashem que le teman a Él tanto como le temen a un ser humano”.  Esto es algo básico a lo cual debe aspirar un ben Torá (Ibíd.)

Durante muchos días me quedé pensando en las palabras de Malki. Me daban ganas de llorar. Hashem puede darnos todo de Su depósito. Él sólo quiere que recemos. Nos pide que extendamos nuestras manos hacia Él, para poder llenarlas con abundancia.

De repente recordé a mi alumna Tzipi. Comprendí que es posible pararme cada día frente a Hashem con mi sidur y a pesar de eso no tener el mérito de «encontrarme» con mi Creador. Si deseo una verdadera relación, tengo que esforzarme, comunicarme. Entonces Hashem responderá a mis pedidos. En verdad Él está allí, esperando que yo le pida.