Una luz en la oscuridad

Entrevista exclusiva.

Por Yosi Elituv y Arié Ehrlich

 

 

Es verdad que el primer ministro Benjamín Netanyahu se enfrenta a enemigos tanto dentro como fuera del país, pero eso no significa que deje de agitar la bandera de la resistencia en lo que refiere a presiones y concesiones. En una charla especial con Mishpajá, el primer ministro se pone nostálgico y nos cuenta de una fortaleza nacida a partir de una fuerte convicción personal y de sólidos valores familiares, junto con las duraderas impresiones que le dejaron sus encuentros con el Rebe de Lubavitch, quien le encargó la tarea de iluminar la oscuridad con la verdad.

Dos grandes puertas de vidrio separan el mundo exterior de la burbuja desde la cual el mandatario dirige el Estado de Israel. Son muy pocos los que tienen acceso al complejo fuertemente custodiado  —conocido como el «acuario»—, y eso solamente después de que se les confiscan todos los teléfonos, grabadoras y demás equipos electrónicos.

Afuera, los sables políticos hacen mucho ruido mientras que los medios de comunicación puntúan prácticamente cada emisión con solemnes informes referentes a las investigaciones y los escándalos que rodean al primer ministro Netanyahu. Sin embargo, dentro del «acuario» nada interrumpe la calma. En este bastión de seguridad y confianza, los secretarios caminan sigilosamente en puntas de pie alrededor del hombre que dirige el gobierno, cuidándose de no interrumpir sus pocos momentos de tranquilidad en medio de las largas horas de tensión.

Este último año fue uno de los más tormentosos en la vida política del primer ministro Benjamín Netanyahu. Dos de sus más cercanos confidentes, los abogados Itzjak Moljo (el enviado de Bibi para los viajes secretos por todo el mundo, incluyendo los países árabes) y David Shimron (quien se encarga de sus asuntos personales y públicos, y además, es primo de Bibi), también se vieron atrapados bajo la tormenta. Asimismo, Ari Harrow, su ex asistente, también fue sometido a una investigación. Netanyahu va con la proverbial espada pendiéndole sobre el cuello, mientras todo un comité de investigación examina con lupa cada cosa que hace desde que se levanta hasta que se va a dormir. Cerca de quinientas personas han sido interrogadas en el caso, incluyendo periodistas, filántropos, banqueros, empleados y hasta repartidores de pizza. Sin embargo, nada de esto perturba al primer ministro, quien realmente parece creer en su propio eslogan: «No van a encontrar nada, porque no hay nada».

En la oficina de Netanyahu, el día comienza a los 8:30 de la mañana, con una sesión informativa dirigida por el jefe de gabinete, Yoav Horovitz. A las nueve, llega el primer ministro y comienza un día rebosante de actividad. Los más allegados a Netanyahu dicen que siempre llega al trabajo fresco y alerta, luego de una caminata o de una sesión de natación —a pesar de que suele irse a dormir no antes de las tres de la madrugada, ya que aprovecha esas horas nocturnas para efectuar llamados a aquellos países que tienen mucha diferencia horaria con Israel—.

El primer ministro mantiene en forma asidua sesiones de intercambio de ideas con sus empleados y sus asesores. Pero los miembros de su círculo interno aseguran que, en última instancia, el que toma las decisiones es él. Netanyahu es uno de los pocos ciudadanos en la capital mundial del teléfono celular, que no tiene uno, por miedo a que sus conversaciones sean escuchadas o grabadas. Tampoco tiene una computadora en funcionamiento en su oficina, sino que se maneja con lápiz y papel. El que le escribe los discursos es Jagai Jarif, que lleva kipá y que, siendo experto en las fuentes judías, siempre salpica los discursos con una generosa dosis de pesukim del Tanaj (aunque es sabido que Netanyahu edita él mismo los discursos).

Fue precisamente dentro de esa oficina cargada de energía que nos sentamos a hacerle una entrevista exclusiva al primer ministro ante la próxima publicación de nuestro libro, Berega HaEmet (En el momento de la verdad), que es una crónica de las conversaciones que mantuvo el Rebe de Lubavitch con los líderes de Israel a lo largo de los años.

Netanyahu es uno de los últimos líderes que quedan en Israel que mantuvo una conexión cercana con el Rebe de Lubavitch. A él le precedieron el Presidente Zalman Shazar y los primeros ministros Beguin, Shamir, Rabin y Peres. Ellos, así como muchos líderes de los departamentos de seguridad y defensa, generales del ejército y ministros del gobierno, mantuvieron un contacto constante con el Rebe, ya sea en persona, por teléfono o a través de correspondencia escrita.

Netanyahu se reunió por primera vez con el Rebe en Simjat Torá en el año 1984 —un encuentro que tuvo en su momento una enorme repercusión—, poco después de ser nombrado embajador de Israel en las Naciones Unidas.  

Nuestra reunión con el primer ministro pareció retrotraerlo a épocas anteriores, mucho menos complejas, y no cabe duda de que él disfrutó mucho recordando aquellas primeras incursiones políticas, durante las cuales se apoyó constantemente en los sabios consejos del Rebe.

El padre fundador

Antes de nuestra entrevista, el primer ministro tuvo unos minutos libres y, siendo un ávido lector, él siempre aprovecha esos momentos para leer libros de historia. Cuando llegamos, él estaba leyendo un libro enorme llamado Alexander Hamilton, que es la biografía de uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, que fue quien le dio forma al sistema económico y político de la nación.

Netanyahu compró el libro el último otoño, cuando estuvo en Nueva York para hablar en las Naciones Unidas luego de la tristemente famosa decisión de la UNESCO de desconectar al Pueblo Judío del Har HaBait y del Kotel. Durante unas pocas horas libres que tenía a su disposición, fue con su amigo y confidente, el embajador israelí en Washington, Ron Demer, a una librería en Manhattan. Mientras se abría paso en medio de una multitud de clientes locales y de turistas curiosos que trataban de acercarse a él, Netanyahu recogió algunos libros de historia norteamericana, que es un género que le fascina. Uno de los libros elegidos fue la biografía escrita en el año 2004 por el historiador Ron Chernow acerca de este pintoresco padre fundador de los Estados Unidos que falleció cuando tenía apenas cuarenta y nueve años. La obra fue escrita tras el descubrimiento de varios manuscritos de Hamilton de hace más de doscientos años.

A Netanyahu le fascinan las biografías de líderes destacados, especialmente de aquellos que sirven de inspiración. Así nos dijo: «Miren qué libro tan maravilloso. Describe la vida de un líder con visión, del hombre al cual los Estados Unidos le deben su existencia. Hamilton nunca llegó a ser presidente, pero él fue quien estableció la economía del país y construyó su estructura política. Además, Hamilton sentía una enorme admiración por el Pueblo Judío.

«Hamilton nació en las Islas Caribes, en las Antillas, que estaban bajo el control británico, y quedó huérfano siendo aún muy pequeño. Allí no había escuelas formales, por lo que fue educado de forma privada por una mujer judía de España. Uno de los hijos de Hamilton (tuvo ocho) escribió que su padre casi nunca hablaba de su infancia, pero lo que siempre contaba era que su maestra judía le había enseñado a recitar de memoria los Diez Mandamientos en hebreo». Si bien el padre de Hamilton era escocés, ha habido varios historiadores que hicieron conjeturas acerca del posible origen judío de su madre.

Netanyahu hojea las páginas hasta llegar a una que tenía señalada y nos lee el párrafo que había marcado:

«El progreso de los judíos desde los comienzos de su historia hasta la actualidad es algo que está completamente fuera del orden natural. Por lo tanto, ¿no es lógico concluir que existe aquí también una causa extraordinaria, es decir que tan prodigioso progreso es el efecto de un grandioso plan Divino?». (Así se expresaba Hamilton hace aproximadamente doscientos cincuenta años).

Si bien Hamilton ha aparecido continuamente en los billetes norteamericanos desde su primera impresión en 1861, y su rostro todavía figura en los billetes de diez dólares, el pueblo norteamericano lo ha redescubierto recientemente de una manera más personal en gran medida gracias a un musical de Broadway —Hamilton—, que todavía se presenta cada noche a teatro lleno. Pero por muy lleno que pudiera estar, obviamente dejaron algunos asientos libres para Netanyahu y sus acompañantes en la presentación del sábado a la noche, cuando concluyó la ajetreada semana que pasó el primer ministro en los Estados Unidos.

Cuando Bibi y Sara Netanyahu, acompañados por un equipo de guardias del Servicio Secreto, entraron al teatro y ocuparon sus butacas, el público no pudo dejar de notarlo. En un momento hubo fuertes abucheos a cargo de dos personas que fueron sacadas de la sala luego de haber gritado «Liberen a Palestina», pero fuera de eso, Netanyahu y su esposa fueron recibidos con una calurosa ronda de aplausos.

«Por cuestiones de seguridad, llegamos algunos minutos tarde, por lo que el público ya estaba sentado esperando a que comience la obra. Cuando entramos, todos se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. Le dije a Sara: ‘¿Ves? Llegamos tarde y están aplaudiendo porque ahora finalmente puede comenzar la función’.

«Sara me miró sorprendida y me dijo: ‘¿Qué estás diciendo? ¡Te aplauden a ti!’.

«‘¿En serio? No, no me aplauden a mí… Están aplaudiendo al Estado de Israel'».

Enciendan las luces

Mucha agua ha pasado bajo el puente entre el último discurso del primer ministro en las Naciones Unidas en setiembre, donde Netanyahu llamó al Consejo de Derechos Humanos «un circo» y una «farsa moral», y su primera incursión en la guarida del león hace más de treinta años siendo el «niño dorado» del Likud y el protegido del ex ministro Moshé Arens, quien llevó por primera vez a Netanyahu (que era egresado del Instituto de Tecnología de Massachusetts) a Washington cuando él (Arens) era embajador en los Estados Unidos, a comienzos de la década de los ’80.

Poco tiempo después de que asumiera su puesto representando a Israel en las Naciones Unidas, Netanyahu recibió una visita: «Se trataba de un soldado que había servido a mi cargo en Saieret Matkal, llamado Shmaria Harel, quien había vuelto en teshuvá y se había convertido en jasid de Jabad. Él me trajo un mensaje: el Rebe de Lubavitch deseaba verme».

A lo largo de los años se fue formando una costumbre: en la noche del segundo día de Yom Tov, el personal de la embajada israelí iba a las hakafot en el Bet Midrash del Rebe, las cuales tenían lugar a medianoche. Varias horas antes, los jasidim se dispersaban por toda la ciudad, a veces caminando grandes distancias para poder ir a bailar con las personas que rezaban en las sinagogas de todo Brooklyn, e incluso más lejos. Recién cuando todos esos jasidim regresaban, comenzaban las hakafot y los bailes continuaban hasta bien entrada la mañana.

En Simjat Torá del año 5745, entre los miles de personas que llegaron a la casa del 770, se encontraba un joven diplomático israelí llamado Benjamín Netanyahu. Muy pocos en el shul lo reconocieron o sabían que se trataba del nuevo embajador israelí en las Naciones Unidas, pero esa fue una noche que el primer ministro nunca olvidará; fue un momento que dejaría una huella imborrable.

«Era después de  medianoche, pero adentro parecía que era mediodía», relata Netanyahu. «En un salón no demasiado grande había más de cinco mil jasidim. Fue algo increíble. Yo no podía entender cómo era posible que en un lugar así pudiera caber tanta gente. Me hicieron entrar y me dijeron que esperara. De repente se abrió una puerta en una esquina y lo que ocurrió entonces pareció una remake de la partición del mar: en medio de esa multitud, se abrió un camino para que el Rebe pudiera pasar y tomar su lugar en la bimá. Quienes estaban a mi lado me dijeron: ‘¡Acércate al Rebe!’.  Yo vacilé. No quería molestarlo, pero la gente me seguía empujando así que me acerqué al Rebe tratando de que se fijara en mí. Cuando por fin se dio vuelta, le dije: ‘Rebe, he venido a verlo’.

«El Rebe me brindó su sonrisa tan especial y me dijo: ‘¿Solamente a verme? ¿No a hablar?’

«Entonces nos pusimos a hablar. Cinco minutos, diez minutos, veinte… Creo que la conversación continuó cerca de cuarenta o cuarenta y cinco minutos. A nuestro alrededor había un gran tumulto, miles de personas esperando el momento cumbre: cuando el Rebe da inicio a las hakafot. Seguramente muchos se habrán preguntado quién era esa persona con la que el Rebe hablaba tanto tiempo… Pero el Rebe tenía para mí todo el tiempo del mundo. Me habló de mi trabajo en las Naciones Unidas, de cómo debía presentar nuestra verdad, del Pueblo Judío frente al mundo, y cómo cambiar la visión del Estado de Israel en los foros internacionales. Cuando el Rebe terminó de decirme todo lo que quería, se dio vuelta hacia la multitud e hizo una señal con la mano indicando que podían comenzar las hakafot«.

En esa conversación, frente a miles de sorprendidos jasidim, el Rebe de Lubavitch le dijo a Netanyahu la frase que él ha citado en innumerables oportunidades y que, según él, ha sido su guía a partir de esa noche: «Estás entrando en una casa donde reinan la oscuridad y las mentiras. Recuerda que incluso en la más densa oscuridad, cuando uno enciende una pequeña vela, todos pueden ver su luz desde muy lejos. Tu misión es encender la luz de la verdad».

Sólo el comienzo

El siguiente encuentro entre Netanyahu y el Rebe de Lubavitch tuvo lugar poco después de que Netanyahu decidiera renunciar a su cargo en las Naciones Unidas y maniobrar para conseguir un puesto destacado dentro del liderazgo del Likud en Israel, a pesar de la insistencia por parte del entonces primer ministro, Shamir, para que permaneciera en la ONU.

Esa visita tuvo lugar en Hoshaná Rabá de 1987. En este día tan especial, el Rebe solía permanecer durante horas de pie en la entrada de su sucá distribuyendo porciones de torta de miel y deseándole al público un año dulce y bueno. Esa mañana pasaron ante el Rebe miles de personas, entre ellas Benjamín Netanyahu. Netanyahu aprovechó esos pocos segundos para compartir sus planes con el Rebe. Para su sorpresa, el Rebe no se mostró complacido. Cuando Netanyahu le dio a entender que sentía que su rol en la ONU había concluido («Hace ya cinco años que estoy acá»), el Rebe insistió: «Puedes continuar sirviendo desde aquí hasta la llegada del Mashíaj Tzidkeinu«.

Cinco meses después de ese encuentro, Netanyahu volvió a visitar al Rebe, esta vez en su casa. Era el 24 de shevat del año 5748-1988. Dos días antes había fallecido, a los 87 años de edad, su esposa, la Rabanit Jaia Mushka Schneerson a»h, que además era la hija del Rebe Yosef Yitzjak de Lubavitch, que su mérito nos proteja. Eran los primeros días de la shivá y el dolor estaba impreso en el rostro del Rebe. Según el testimonio de los presentes, cuando apareció Netanyahu, el Rebe sonrió por primera vez desde la levaiá.

La conversación comenzó con una bendición que le dio el Rebe: «Iaarij iamim al mamlajtó —que tenga el mérito de que se extiendan los días de su reinado—». Debido al tumulto que había en la casa, Netanyahu no logró oír las palabras y entonces el Rebe las repitió: Iaarij iamim al mamlajtó. El Rebe agregó que esa berajá era una continuación de lo que habían hablado en su último encuentro. ¿A qué «reinado» se estaba refiriendo el Rebe cuando bendijo a Netanyahu? ¿Acaso se trataba del imperio político en el cual Netanyahu deseaba incursionar, o estaba aludiendo una vez más a que era mejor que Netanyahu permaneciera en las Naciones Unidas?

Pasaron otros tres meses. En mayo de 1988, Netanyahu llegó nuevamente a visitar al Rebe. Estaba planeando viajar a Israel para participar en la conferencia del Likud previa a las elecciones internas. Netanyahu le agradeció al Rebe por «la oportunidad que me dio de venir y recibir su ayuda y por haber tenido el mérito de recibir su apoyo emocional, no sólo para mí sino para todo Am Israel«.

El Rebe le dijo: «Yo sigo estando al comienzo de mis actividades, y tú estás al comienzo de tu último trabajo. Tendrás que luchar con ciento diecinueve personas (dentro de los ciento veinte miembros de la Kneset). Pero eso no te va a desanimar, porque HaKadosh Baruj Hu está de tu lado (protegiendo a Eretz Israel)».

Nos cuenta Netanyahu: «En ese momento, la predicción de que tendría que luchar contra ciento diecinueve personas me pareció una exageración, o quizás un buen chiste. Pero después aprendí en carne propia que era una descripción muy exacta de lo que es el rol de primer ministro».

¿Acaso el Rebe había cambiado de idea, siendo que primero le había reprochado que dejara su puesto en la ONU y ahora lo apoyaba en su candidatura para conducir la Kneset?

«Él creía que yo tenía que continuar representando la luz del Estado de Israel ante las otras naciones. Pero yo le aseguré que continuaría haciéndolo también desde Israel. Le dije que de todas maneras ya había tomado la decisión de regresar y entonces me dijo que debería luchar contra ciento diecinueve personas… Fue un apoyo post facto a mi decisión, y pienso que durante todos estos años el enorme espíritu del Rebe me sigue acompañando».

Se trata de las raíces

No es un secreto que Netanyahu actualmente enfrenta la hostilidad de los medios de comunicación tanto de Israel como del exterior, y que la izquierda israelí lo considera la causa principal del creciente aislamiento global que sufre el país. Pero cuanto más viciosamente lo atacan, más redobla él su apuesta en las posturas políticas y las verdades históricas de que se ha imbuido a lo largo de las décadas que lleva navegando las turbulentas aguas de la política.

«Yo estoy orgulloso de ser judío. Estoy en Israel en mérito de una promesa Divina, no en mérito de la fuerza», repitió una y otra vez en las Naciones Unidas, en la Casa Blanca y en otros foros internacionales.

Quizás por eso sintió que era importante mostrarnos un recorte de un periódico de Arabia Saudita de esa misma mañana. El artículo editorial criticaba al dirigente palestino Mahmoud Abbas por no aceptar la invitación que le hizo Netanyahu en la ONU para hablar en la Kneset. Netanyahu afirma que esta es una prueba más respecto a que sus mensajes llegan a destino, porque incluso el mundo árabe moderado está comenzando a cambiar su enfoque.

¿Acaso Netanyahu está aludiendo a los contactos indirectos que se están llevando en secreto entre Israel y Arabia Saudita bajo su liderazgo? Lo que queda claro es que sus relaciones con el resto de los líderes del mundo son una manifestación de la confianza que tiene en sí mismo, como también lo es su aparente inmunidad ante las fuertes críticas de sus rivales ideológicos tanto en Israel como en el exterior. Con hombros firmes y pose segura, él nunca adoptó el rol de la pobre nación sobreviviente suplicando a los poderes del mundo una parcela de tierra. Desde la perspectiva de Netanyahu, Israel tiene la verdad de su lado y finalmente el mundo terminará reconociéndola como un faro de luz y justicia.

Su creencia en el derecho histórico del pueblo judío a todo Eretz Israel y su insistencia en negociar desde una posición de fuerza ideológica fueron heredadas de su padre. El profesor Ben Tzión Netanyahu, quien falleció en 2012 a los 102 años, no era un hombre religioso en el sentido clásico, pero era un estudioso —era profesor de historia especializado en el tema de las comunidades judías españolas en el medioevo— y un ferviente sionista que actuó de secretario personal del líder revisionista Zeev Jabotinsky en la década del ’30.

«Mi padre estaba fascinado con el tema de la Providencia Divina», cuenta Netanyahu. «Recuerdo un Purim que compartimos cuando mi padre tenía noventa y tantos años. Estaba con nosotros mi hijo Avner, que por esa época tenía ocho o nueve años. Durante la comida, mi padre dijo: ‘Miren el milagro de Purim. Persia era el imperio más poderoso del mundo antiguo. Y en ese imperio, el rey persa eligió precisamente a un judío, a Mordejai, y lo convirtió en virrey, el segundo en su reinado. ¡Eso es algo extraordinario!’.

«Entonces, se hizo silencio en la mesa y Avner preguntó: ‘Y eso, ¿qué tiene de especial? Eso mismo ya ocurrió por lo menos otras dos veces en la historia’. Mi padre lo miró sorprendido y Avner añadió: ‘Sí, con Yosef HaTzadik y con León Trotsky…'».

Netanyahu se ríe y agrega: «Bueno, ese era el entendimiento de un niño… pero entonces nos pusimos a conversar sobre el milagro de Purim y los milagros en general. Surgieron varias preguntas teológicas y entonces mi padre dijo: ‘Cuando vemos un reloj, ¿acaso pensamos que es posible que el reloj exista sin que haya un relojero? ¡Obviamente hay un Relojero!'».

El primer ministro no es observante de la Torá ni tampoco recibió una educación religiosa (aunque el hermano de su esposa Sara, Jagai Ben Artzi sí es religioso y su padre, el educador Shmuel Ben Artzi, que durante sus últimos años vivió con los Netanyahu, volvió en teshuvá antes de fallecer en el año 2011). De todas maneras, le agrada hablar de la profunda conexión que siente con la tradición judía, y no oculta su orgullo al mencionar que su hijo Avner es un estudioso del Tanaj y ganador del Concurso Nacional de Tanaj.

«Cada Shabat me siento con Avner a estudiar la haftará de la semana: pasajes llenos de esperanza respecto a la salvación y la redención del pueblo».

Netanyahu también se enorgullece compartiendo una conversación que tuvo lugar durante un viaje a los países africanos este último verano. Durante esta misión para reforzar los lazos económicos y comerciales con algunos de los más promisorios mercados emergentes en África, Netanyahu participó en una cumbre junto a siete líderes africanos.

«Los países que visité son todos oficialmente cristianos y por ello sienten una conexión especial con Israel. Uno de los líderes me preguntó: ‘Dígame, ¿cuál es su secreto? ¿Qué tienen ustedes en su ADN que permitió que su nación llegara a un nivel tan alto?’.

«Yo le respondí: ‘Nosotros somos como un árbol, cuyas ramas de desarrollos científicos, tecnológicos y de recursos humanos llegan hasta el cielo. Pero las ramas pueden romperse y caer. La verdadera fuerza comienza en las raíces. Lo que usted ve tan especial es la confluencia del pasado y del futuro'».

 

Bibi habla de la paz

Si bien Netanyahu conoce la ampliamente difundida postura del Rebe de Lubavitch sobre el tema de la seguridad, e incluso ambos hablaron al respecto en varios encuentros privados, queríamos saber hasta qué punto estas ideas han influido en la visión del mundo del primer ministro.

«La postura del Rebe respecto a la seguridad nacional era muy firme, como todo el mundo sabe. Creo que hoy en día el público de Israel tiene  bastante claro en qué radica el enfrentamiento entre nosotros y nuestros vecinos. Las cosas que me dijo el Rebe —sobre la necesidad de defender con orgullo la verdad y decirla claramente— son una luz que me guía en todo lugar y en todo momento. Es claro como el agua. No se trata   solamente de proteger la tierra sino también de decir la verdad sin miedo. Si pudiera encapsular las posturas que él me transmitió en dos principios, uno sería proteger a Eretz Israel y el segundo, decir la verdad ante las naciones del mundo, con fuerza y con orgullo. Yo trato de cumplir con estas dos directivas de la mejor manera dentro de mis posibilidades».

Los líderes de épocas anteriores evitaron decirles esta simple verdad a las naciones del mundo. Tradicionalmente han evitado mencionar la promesa Divina.

“Yo no quiero hablar de los líderes que me precedieron ni de otros primeros ministros, pero cuando yo hablo del amor a la Tierra y del patrimonio cultural de Am Israel, no es meramente de la boca para afuera. Es algo que tengo dentro de mí mismo. Y pienso que el Rebe de Lubavitch se dio cuenta de esto. Eso no significa que yo no viva en el mundo concreto con las responsabilidades cotidianas del liderazgo, pero la cuestión básica es si uno tiene o no esa conexión profunda. Yo creo que el Rebe no sólo entendió que yo la tengo, sino que eso es precisamente lo que me mueve en muchas áreas”.

Sin embargo, pareciera que mientras más nos esforzamos por explicar y presentar la verdad, más condenas recibimos. El Estado de Israel ha sido objeto de más condenas en las Naciones Unidas que cualquier otro país, incluso más que Siria. Hay un grupo mayoritario de países que siempre están dispuestos a votar en favor de cualquier resolución contraria a Israel.

“Esa mayoría se va reduciendo y eventualmente lograremos sobrepasarla. Solamente en el bloque africano hay cincuenta y cuatro países, y esa es la base para la mayoría automática de la ONU. Cuando superemos a este bloque, podremos cambiar el estatus del Estado de Israel, no en el mundo en general, donde ya se ha producido un cambio, sino incluso en las instituciones internacionales. Yo creo que finalmente lograremos superar este obstáculo”.

En su opinión, ¿hasta qué punto es importante, cuando nos presentamos ante el mundo, que pongamos énfasis en el elemento espiritual en la lucha por Eretz Israel?

“Es muy importante. Uno siempre debe saber cuáles son sus metas fundamentales. A veces se deben hacer concesiones; de vez en cuando se deben dar ciertos pasos obligados por la realidad. No estoy hablando de mí mismo a nivel personal, sino que estoy hablando de política exterior. Esa es la naturaleza de la diplomacia. Pero la pregunta es qué es lo que nos motiva: el deseo de perseverar o el deseo de ceder”.

La gente pregunta qué es lo que usted les ofrece a los árabes. ¿Una guerra constante?

“Nosotros no les estamos ofreciendo guerra. En el mundo árabe muchos ya se encuentran en otro lugar. Se dan cuenta de que el Estado de Israel es fuerte y estable. También a ellos les conviene que Israel sea fuerte, porque de lo contrario las que tomarán el control de la región van a ser las entidades islámicas radicales. Por eso, en última instancia, ellos también quieren que Israel tenga poder”.

Entonces, ¿cuál es la solución para la población árabe en Yehudá y Shomrón?

“Es importante entender que la raíz de la disputa no es un argumento territorial sobre Yehudá, Shomron y Gaza, que durante décadas estuvieron en sus manos. ¿Acaso eso evitó que nos atacaran? No. La Organización de Liberación Palestina fue establecida en 1964. ¿Qué Palestina deseaban liberar? ¿Yehudá, Shomrón y Gaza, las cuales en ese momento estaban en manos árabes? No. Ellos querían liberar los ‘asentamientos’ llamados Tel Aviv, Jaffa, Acre, Haifa. Esa fue y sigue siendo la raíz de la controversia. Hoy en día, la mitad del pueblo palestino está bajo el dominio del Hamas, y ellos dicen abiertamente que su objetivo es destruir al Estado de Israel, y están muy orgullosos de lanzar miles de misiles y de cavar túneles terroristas. La otra mitad no se les

opone y entonces lo que hacen es dejar que el odio siga creciendo y de hecho, ellos también anhelan la destrucción del Estado.

De cualquier manera, yo no creo que sea posible una reconciliación real hasta que no haya un cambio de mentalidad de su parte; hasta que no reconozcan el derecho que tenemos como pueblo a nuestra patria histórica. Pero incluso si este reconocimiento llegara a tener lugar por parte de alguna clase de liderazgo palestino, unas cuantas afirmaciones oficiales no van a poder borrar de un saque todo un siglo de propaganda antisemita radical y violenta”.

Aun así, ¿cómo es posible convencer al mundo de su postura cuando en Israel sigue existiendo una persistente oposición que no cree en su visión? Hay israelíes que creen que tenemos que salir de los territorios, incluso sin llegar a ningún acuerdo.

“Miren, yo todavía no lo logro entender cómo es posible que haya gente que diga: ‘Nu, simplemente hagan un estado palestino y todo va a estar bien. Salgan de los territorios y todo va a estar bien’. Salimos de Gaza, ¿no es cierto? Ahora yo pregunto: ¿acaso estuvo todo ‘bien’? Salimos del Líbano, ¿entonces estuvo todo ‘bien’? No importa quién esté del otro lado después de que nos retiramos –Hamas, ISIS, Jabhat al Nusra…—. A ellos, lo único que les importa es que nos vayamos. Primero salgan y después ya verán qué hacer.

Al final de cuentas, la raíz de la disputa entre nosotros y los palestinos siempre fue y sigue siendo su obstinación en no reconocer el estado judío, sin importar sus fronteras. Personalmente, yo no estoy dispuesto a ignorar esta simple verdad. Pero me alegra decir que aunque llevará tiempo, esta verdad gradualmente va penetrando en las naciones del mundo”.

¿Usted considera que su intransigencia alguna vez va a poder conducir a la paz?

“Este es el único camino que puede llevar a la paz. La paz llegará únicamente cuando los palestinos reconozcan el derecho del pueblo judío a vivir como una nación en su tierra. La cuestión territorial es importante, pero en realidad es secundaria. La cuestión principal es si ellos reconocen nuestro derecho a vivir aquí como una nación libre en nuestra tierra. Su negación a hacerlo fue y sigue siendo la raíz fundamental del problema”.

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