El niño imposible

Reflexiones Familiares.

Por Sara Jana Radcliffe

 

 

Si tu hijo es de esos que dan vuelta la casa, conviene que adoptes un criterio de supervivencia.

A diferencia de lo que se suele creer, los culpables del comportamiento de los hijos no son los padres, sino los genes. La mayoría de los padres hacen lo humanamente posible por educar a sus hijos, revelando a veces reservas increíbles de paciencia, amor y destreza, y otras veces, comportándose como animales salvajes que solamente responden al instinto de luchar o huir.

Sí, tienen razón. Los padres abusivos les hacen daño a sus hijos, pero la gran mayoría de los padres que crían hijos en el mundo actual  —en el que los debates acerca de los problemas relativos a la paternidad están a la orden del día— son más víctimas que sus hijos. Los mismos padres cariñosos e imperfectos que logran llevar adelante un hogar repleto de hijos bien adaptados, a menudo se sienten abrumados y desconcertados a causa de un solo hijo, ese que les presenta un desafío muchísimo más grande que sus hermanos y que no responde a los métodos educativos que funcionan de maravillas con todos los demás.

«Los otros niños de la familia le temen, y con razón. En el momento en que entra a una habitación, empiezan los problemas. Enseguida alguien se pone a llorar y él me asegura a los gritos que no hizo nada y que siempre le echan la culpa de todo lo que pasa. Cuando él entra, todos caminamos en puntillas».

En vez de sentir autocompasión, los padres —agotados ya por el comportamiento difícil e incluso agresivo de este «niño con problemas de comportamiento»— muchas veces tienen sentimientos de culpa.

«Yo entiendo que él verdaderamente necesita de mi amor y mi atención. ¡Y tiene razón cuando dice que no le cae bien a nadie! Pero me cuesta mucho decirle algo agradable, porque desde que se despierta hasta que se va a dormir, me hace la vida imposible. Trato de pensar en algo lindo para decirle, pero mientras me devano los sesos tratando de encontrar la palabra apropiada, él ya está haciendo algo que exige mi intervención inmediata, y entonces, en vez de elogiarlo, termino reprendiéndolo».

Una rosa con otro nombre

Parte de estos niños deben someterse a un diagnóstico de salud mental y parte, no. Algunos sufren de trastorno bipolar; otros, de depresión; y otros, de trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo. Algunos tienen TOC (trastorno obsesivo compulsivo), TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad) o TOD (trastorno oposicionista desafiante). Y están esos otros que sencillamente heredaron los genes de tu suegra… En la mayoría de los casos, no existe ninguna píldora mágica que solucione el problema.

Parte de los niños tienen un buen rendimiento escolar a pesar de los problemas que tienen en la casa. Y si bien esto no consuela demasiado a los padres, para el niño es mejor tener por lo menos un área en el cual su funcionamiento sea exitoso.

«En la escuela, ella es un ángel. Debe ser culpa nuestra que en casa se porte de esa forma. Pero saber eso solamente me causa más resentimiento. Me siento un fracaso total».

En realidad da lo mismo si los padres saben o no cuál es el «problema» de su hijo difícil. No hay dos manifestaciones del mismo trastorno que sean iguales, y el hecho de entender que el problema del niño es innato no sirve para solucionarlo. Y la ausencia de un “motivo», que hace que los padres sean más vulnerables a los sentimientos de culpa, no ayuda a que el problema se resuelva con mayor facilidad. Los padres no son magos. Ellos no pueden hacer que el niño cambie con tan sólo desearlo ni es seguro que puedan ayudarlo a encontrar una manera más sana de funcionamiento.

Cómo sobrevivir al niño imposible

Los padres siempre buscan soluciones para los grandes desafíos que les presenta el comportamiento de su hijo. Consultan con profesionales, van a clases, leen e investigan, envían a su hijo al psicólogo… Hacen todo lo humanamente posible. Sin embargo, para sobrevivir emocionalmente, los padres deben adoptar una mentalidad sana respecto a sí mismos, a su hijo y a su situación.

En primer lugar, es necesario disminuir los sentimientos de culpa recordando que los niños verdaderamente imposibles nacen, no se hacen. Los niños que nacieron con genes mejores dejarán de ser imposibles una vez que los padres mejoren sus estrategias e intervenciones. Por el contrario, los niños imposibles son resistentes incluso a los más sofisticados métodos de crianza.

Los padres deben reducir y eliminar la necesidad de sentir constantemente afecto hacia ese niño, y entender que todos los hijos influyen en los sentimientos de sus padres. En lugar de eso, deberán centrar su atención en disminuir la comunicación negativa y dañina (como, por ejemplo, expresiones de intenso desagrado durante los momentos de total exasperación). Reemplacen la necesidad de «querer» al niño con la necesidad de no herirlo.

Es imprescindible organizar frecuentes periodos de descanso para uno mismo y para el resto de los miembros de la familia, a fin de poder mantener la energía necesaria para manejarse con ese niño y también proteger a los otros hermanos de esta incesante muestra de negatividad. Esta estrategia es imprescindible para poder hacer frente a la crianza de este niño tan difícil.

El desafío de educar a un niño con problemas crónicos de comportamiento es enorme. Felicítense por cada acto de contención y cada estrategia positiva que logren implementar. Consuélense sabiendo que han sido escogidos para guiar a esa alma durante la primera parte de su vida y que Hashem confía en sus capacidades. Él sabe que nadie lo va a hacer mejor que ustedes.